Bagnaccio: el área de estas termas está formada por cinco piscinas de mármol de travertino blanco y es posible visitarlas día y noche. El agua está siempre a una temperatura elevada, lo que permite el uso hasta en los meses más fríos. La piscina más caliente puede llegar hasta a 65,5 C° y el agua es rica de oligoelementos y sales minerales. El lugar es completamente público, no tiene facilidades, ni baños, ni vestidores, pero las piscinas están siempre muy limpias y bien cuidadas, pues son tratadas semanalmente para garantizar el bienestar de sus usuarios. Se puede llegar a Bagnaccio desde la ciudad de Viterbo, no lejos de Roma.
Fonte Carletti: a las afueras de Viterbo, surge esta fuente de aguas termales. La alcaldía de la ciudad se encargó de acomodar toda la zona plantando árboles y construyendo un amplio estacionamiento, para ofrecerle un mejor servicio a todo aquél que quisiese aprovechar las propiedades salubres de estas aguas. Las tres piscinas de estas aguas están a temperatura muy elevada, por lo tanto son una meta obligatoria durante los meses invernales. A pocos minutos se pueden visitar otras dos piscinas con temperatura menor, más agradables si se quieren usar durante los meses de verano.
Ficoncella: este complejo de piscinas no es libre, pero la entrada cuesta muy poco y el servicio a disposición es de excelente calidad. Esta localidad, a 4.5 km de Civitavecchia, está situada a lo alto de una colina, desde donde se puede admirar un paisaje espectacular. Además de las piscinas, se puede disfrutar de la inhalación de los vapores sulfúreos en un paralelepípedo con 4 pequeñas ventanas, construido sobre uno de los pozos. Las aguas de la Ficoncella se distinguen de las demás por su característica inholor y de buen sabor, pues no son aguas ricas de ácido sulfídrico. Análisis han demonstrado que las termas de la Ficoncella poseen aguas bacteriológicamente puras y con ausencia absoluta de microbos.
¡No déje de concederse unas horas de relax, como los antiguos romanos, en las termas!
]]>Además de su historia, Siena es una bella ciudad que amerita ser visitada, fundamentalmente durante la Primavera, cuando la ciudad puede ofrecer al turista un paisaje lleno de alegría. Entre los sitios que no hay que dejar de ver está la Piazza del Duomo. Éste surge sobre un antiguo templo pagano dedicado a Minerva y fue construido desde comienzos hasta mediados del Siglo XII. Hoy podemos ver la imponente catedral dedicada a Santa María Assunta.
Después de esta visita, recomendamos detenerse en la Piazza del Carmen. Ella representa, idealmente, el punto de encuentro de las tres colinas sobre las cuales se erigó la ciudad. También aquí se contempla la famosa Fuente Gaia y algunos palacios públicos, como el Palazzo Comunale. Esta plaza, como en la Edad Media, es el centro de la ciudad, en donde confluyen las más importantes calles. Igualmente, es el límite entre el Tercio Ciuidad y el de San Martín. Es de mencionar que la Universidad de Siena es una de las más antiguas e importantes de Italia.
La visita no puede finalizar sin contemplar el Palazzo Piccolomini, tal vez el más importante de los palacios renacentistas de la ciudad, cuya construcción fue ordenada por dos sobrinos de Pio II, Eneas Silvio Piccolomini. Entre los museos y galerías de arte a visitar son de mencionar: La Pinacoteca Nacional, El Museo Cívico del Palacio Comunal y el Museo Metropolitano del Duomo.
Entre las manifestaciones populares que se desarrollan en Siena es importante mencionar la famosa Carrera del Palio. Ésta se disputa entre los meses de julio y agosto de cada año y tiene su sede en la Plaza del Campo. No menos importante es el Festival de Jazz, dura toda una semana y está organizado por la Academia Musical Chigiana, también durante los meses de julio y agosto.
No hay que olvidar tampoco las semanas de Julio y Agosto, dedicadas a difundir la calidad del aceite de oliva y del vino nuevo (Novello).
Siena: una perla de la región de la Toscana.
]]>Piazza della Signoria: el corazón de Florencia es uno de los lugares más sugestivos de toda Italia. Con su Galería de los Uffizi que domina la plaza, su fuente y su copia del David, este lugar es inolvidable.
Santa Croce: es una de las basílicas de monjes franciscanos más grandes que existan y es una de las puntas de oro del gótico en Italia. Recorriendo una de las callejuelas que llevan a la homónima plaza, se abre un gran espacio ante los ojos del turista, que se enamora inmediatamente de la fachada de esta iglesia. El Claustro y la Capilla Pazzi de Bruneleschi son obras de arte y no se puede dejar de visitar el Panteón de artistas y científicos que descansan aquí, como Miguel Ángel, Donatello, Fermi, Galileo Galilei, Rossini y Machiavelli, entre otros.
Ponte Vecchio: con sus tres arcos que danzan sobre el río Arno, es uno de los símbolos de esta ciudad. ¡Pasee entre las joyerías recorriendo parte del famoso Corredor Vasariano!
Jardín de Bóboli: es un maravilloso ejemplo de jardines a la italiana, situado entre el Palacio Pitti y el Fuerte Belvedere. Es casi un museo al aire libre, con su configuración arquitectónica del paisaje, y con su interminable colección de esculturas datadas de la época romana hasta del siglo XIX.
Piazzale Michelangelo: no se puede dejar de ver este mirador, donde podemos admirar toda la ciudad, con sus cúpulas, sus campanarios y sus encantos. Desde aquí se disfruta de una maravillosa vista, donde se reconocen todos los lugares de interés más importantes: desde la Galleria de los Uffizi, hasta la Cúpula de Brunelleschi y el Campanario de Giotto. Sólo aquél que ha visto Florencia desde aquí logra saborear su verdadera esencia.
Si no se dispone de mucho tiempo para visitar la ciudad de Florencia, bastaría con ver estos cinco sitios para no olvidarse nunca más de este pequeño pedazo de Paraíso renacentista.
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