Las catacumbas son antiguos cementerios subterráneos usados tanto por las comunidades cristianas como judías. Las catacumbas cristianas, que son las más numerosas, nacieron al rededor del siglo II y sus excavaciones continuaron hasta la primera mitad del quinto. Originalmente fueron sólo lugar de sepultura. Los cristianos se reunían para celebrar los ritos funerales y los aniversarios de los mártires y los muertos. Durante las persecuciones, en casos excepcionales, sirvieron como lugares de refugio temporal para la celebración de los ritos. Terminada la persecución, las catacumbas se convirtieron en verdaderos santuarios de los mártires, centros de culto y peregrinación para los cristianos de todas partes del Imperio Romano. Aún hoy en día podemos apreciar las inscripciones en las paredes que, con sus símbulos religiosos, son un testimonio importante de una parte de la historia de la religión cristiana, durante sus primeros siglos de desarrollo. Conforme con la ley romana, que prohibía la sepultura de los muertos dentro de las murallas de la ciudad, todas las catacumbas están situadas a lo largo de las vías consulares principales como la via Appia, la via Ostiense, la via Labicana, la via Tiburtina y la via Nomentana. Hoy en día, las catacumbas que están abiertas al público son:
En Roma hay al rededor de 60 grupos de catacumbas que rodean silenciosamente la ciudad por su subsuelo; el complejo más importante y extenso de cunículos es el de San Callisto, donde las tumbas y los pasillos se extienden por 4 niveles distintos, formando un verdadero laberinto de tumbas, tanto abiertas como amuralladas. Durante la visita (rigorosamente en compañía de un guía), se llega solamente hasta el segundo nivel, el más interesante desde el punto de vista arqueológico. Se recorren pasillos estrechos así como criptas de todas las dimensiones, en donde se puede entender cómo el uso de estas galerías se transformó con el pasar de los años.
¡Concédanse un paseo diferente, para saborear un poco el aire de misterio que ofrece la Roma subterránea!
]]>La caída definitiva del Imperio Romano de Occidente, primero, seguido poco tiempo después por el Imperio de Oriente, serían los acontecimientos que comenzaron con el declive de la importancia de la Via Appia en el mundo de la época. Ya la circulación de mercancías y de contingentes humanos dejó de tener el prestigio alcanzado, también debido a los altos riesgos que se sucedían durante las invasiones de los bárbaros. Durante siglos esta ruta fue abandonada a su suerte y los terrenos en donde se encuentra fueron comprados por diferentes personas que se hicieron propietarios de ella.
A fines del año 1500, el Papa Gregorio XIII hizo adoquinar la Via Appia Nueva y lo que fuera la Appia Antigua quedó reducida a un simple camino suburbano. A finales de 1600 y comienzos del siglo XVII el Papa Inocencio XII hizo trazar una ruta de unión entre las dos Appias que, más tarde sería denominada Appia Pignatelli, pensamos que debido al apellido de una noble familia que poseyó las tierras en donde hoy se encuentra esta calle. El nacimiento de la ciencia denominada Arqueología produjo la búsqueda de elementos históricos importantes y las excavaciones a lo largo y lo ancho de la Via Appia se sucedieron rápidamente. A tal punto que hoy día los grandes museos y las grandes colecciones de Europa poseen muchas obras encontradas en estas tierras.
Naturalmente, en aquellos años se constituyó en un lugar para la aventura y para los paseos periféricos. Afortunadamente, la Via Appia ha recuperado su valor histórico y es casi obligatorio su conocimiento por parte de todos los visitantes que llegan a la ciudad de Roma. Las catacumbas y la tumba de Cecilia Metella están ahí esperándolos para hacerles conocer el pasado grandioso.
]]>Bagnaccio: el área de estas termas está formada por cinco piscinas de mármol de travertino blanco y es posible visitarlas día y noche. El agua está siempre a una temperatura elevada, lo que permite el uso hasta en los meses más fríos. La piscina más caliente puede llegar hasta a 65,5 C° y el agua es rica de oligoelementos y sales minerales. El lugar es completamente público, no tiene facilidades, ni baños, ni vestidores, pero las piscinas están siempre muy limpias y bien cuidadas, pues son tratadas semanalmente para garantizar el bienestar de sus usuarios. Se puede llegar a Bagnaccio desde la ciudad de Viterbo, no lejos de Roma.
Fonte Carletti: a las afueras de Viterbo, surge esta fuente de aguas termales. La alcaldía de la ciudad se encargó de acomodar toda la zona plantando árboles y construyendo un amplio estacionamiento, para ofrecerle un mejor servicio a todo aquél que quisiese aprovechar las propiedades salubres de estas aguas. Las tres piscinas de estas aguas están a temperatura muy elevada, por lo tanto son una meta obligatoria durante los meses invernales. A pocos minutos se pueden visitar otras dos piscinas con temperatura menor, más agradables si se quieren usar durante los meses de verano.
Ficoncella: este complejo de piscinas no es libre, pero la entrada cuesta muy poco y el servicio a disposición es de excelente calidad. Esta localidad, a 4.5 km de Civitavecchia, está situada a lo alto de una colina, desde donde se puede admirar un paisaje espectacular. Además de las piscinas, se puede disfrutar de la inhalación de los vapores sulfúreos en un paralelepípedo con 4 pequeñas ventanas, construido sobre uno de los pozos. Las aguas de la Ficoncella se distinguen de las demás por su característica inholor y de buen sabor, pues no son aguas ricas de ácido sulfídrico. Análisis han demonstrado que las termas de la Ficoncella poseen aguas bacteriológicamente puras y con ausencia absoluta de microbos.
¡No déje de concederse unas horas de relax, como los antiguos romanos, en las termas!
]]>No quiero ver a la iglesia caer: una de las estatuas de la Fuente de los 4 ríos (la fuente central de Piazza Navona), tiene los ojos cerrados y está en una posición “de defensa” delante de la fachada de la iglesia. Esta particular escogencia del escultor Bernini fue motivada por la rivalidad entre él y el famoso arquitecto Borromini, que construyó la iglesia: la estatua del Bernini no quiere ver a la iglesia caérsele encima.
La fórmula para crear el oro: en el centro de la Piazza Vittorio, cerca de la estación central de Termini, se encuentran unas ruinas, entre las cuales está la famosa Puerta Mágica. Narra la leyenda que un famoso alquimista dimoró en la villa durante uno de sus viajes a Roma y aquí logró descubrir la fórmula para crear el oro. Una noche el alquimista desapareció, dejando sobre la mesa unas cuantas pepitas de oro y la fórmula incisa en la piedra del arco de la puerta.
La Cúpula en el ojo de la cerradura: en la Piazza dei Cavalieri di Malta, en el famoso Colle Aventino, se puede observar desde el ojo de una cerradura la Cúpula de San Pedro.
La Galeria del Borromini: en la planta baja del Palazzo Spada se pueden admirar el majestuoso columnado y la imponente estatua de Marte, ¡una maravillosa ilusión y al mismo tiempo un espléndido trabajo de prospectiva del gran maestro del barroco, Borromini! La escena está contenida en apenas nueve metros y la estatua mide menos de un metro de alto.
El Museo de Esqueletos: en la cripta de la de la iglesia de los Capuchinos, en la famosa via Veneto, se puede admirar un extraño cementerio artístico, donde los huesos de más de 4.000 monjes están dispuestos como decoraciones de 4 capillas. Un poco macabro, pero sin lugar a duda único.
La grosería en la iglesia: en la Basílica inferior de San Clemente, se pueden visitar una serie de frescos que representan distintas escenas, con leyendas escritas en la lengua “vulgar”, madre del italiano actual. Son las primeras historietas del mundo y en una de ellas se puede ver a un prefecto pagano de Roma que le grita a sus súbditos “Fili de le pute, trahite!” … A ustedes la traducción.
¡Disfrúten de un paseo alternativo mientras descubren los pequeños secretos de Roma!
]]>Monterano: del pequeño poblado de orígenes etruscos, hoy en día quedan pocas ruinas. Desde su fundación ha vivido una historia accidentada, llena de pestes y guerras, pero fue a finales del siglo XVI cuando el ejército francés destruyó completamente la ciudad. Para acceder a las ruinas se caminan unos 200 metros por un sendero que nos lleva hasta una fuente, pasa por debajo del acueducto y sube hasta la cima de la ciudad, desde donde se puede admirar el paisaje romano. Lo que más nos sorprende de este pequeño pueblo es la cantidad de ruinas y construcciones de épocas y estilos diferentes: sepulcros etruscos, acueductos romanos, castillos medioevales y edificios proyectados por Bernini.
Ninfa: la naturaleza y la historia son las protagonistas de este lugar, en donde el tiempo se detuvo hace más de 400 años, cuando una grave epidemia de malaria despobló la ciudad. Hoy en día se puede fácilmente discernir el antiguo trazado de las calles y se puede recorrer la ciudad que duerme bajo un manto de hiedra. Llamada la “Pompeya del Medioevo”, Ninfa presenta los restos de la ciudad medioeval sumergidos en un bellísimo jardín al estilo inglés, construido alrededor de 1900. No deje de visitar el castillo, el antiguo edificio del Municipio, el Puente de la Matanza (ponte del macello) y una que otra iglesia en las murallas de la ciudad.
Galeria Antica: este pequeño poblado fue abandonado hace ya más de 200 años, y la vegetación lo ha cubierto casi completamente, transformando las ruinas en un ecosistema muy especial. De hecho, Galeria Antica fue nombrada Monumento Natural del Lacio en el 1999. No se necesitan permisos especiales para entrar a visitar el poblado, pero hay que tener mucho cuidado pues muchos de los restos son bastante inestables y la densa vegetación puede esconder peligros, pero con un poco de atención la visita a este lugar es una experiencia inolvidable. La pintoresca desolación de sus calles, cubiertas en parte por la naturaleza, y sus edificios desboronados, hacen de este lugar uno de los rincones más sugestivos para los amantes de los paraísos aislados cercanos a Roma.
Adentrémonos en las campiñas romanas para ver, en estos tres pequeños poblados, el testimonio del pasar del tiempo…
]]>Entre muchos, algunos de los lugares más hermosos para visitar de noche son: el Coliseo, el Pantheon, los Foros Imperiales, el Mercado de Trajano, Piazza Navona, Piazza della Repubblica, Castel Sant’Angelo y Piazza San Pietro. Recorrer todo el Lungotevere (la calle que costea el Tíber) de noche, con sus puentes iluminados, es un paseo donde se descubren muchos de los panoramas más impresionantes de Roma y, si se tiene la oportunidad, lo ideal es hacerlo en automóvil. Si es ése el caso, entonces no dejen de visitar el Gianicolo, uno de los miradores más hermosos de la ciudad, para admirar el panorama romano bajo las estrellas; así como el Aventino, en donde una mirada a través de un ojo de una cerradura, los sorprenderá con uno de los detalles más hermosos que esconde esta bellísima ciudad.
La vida nocturna se enciende después de la hora de cena, cuando tanto los locales como los turistas salen a recorrer las vías de la ciudad eterna, ya sea en la zona de Trastevere o a los alrededores de la famosa plaza “Campo de’ Fiori”. Trastevere es uno de los barrios más vivos de Roma durante las horas nocturnas, gracias a sus locales y a sus restaurantes con deliciosa comida local. Los habitantes de la ciudad aman sus callejuelas y transcurren horas en sus plazas principales: Piazza Santa Maria in Trastevere (delante de la bellísima iglesia homónima) y Piazza Trilussa (lleva el nombre de un famoso poeta romano). Muchos también escogen pasear por Piazza Navona y caminando, llegar a Campo de’ Fiori, famosa por sus pubs.
¡No se vayan de Roma sin antes hacer un recorrido, ya sea caminando o en automóvil, de noche, por sus lugares más famosos y sugestivos!
]]>Además de su historia, Siena es una bella ciudad que amerita ser visitada, fundamentalmente durante la Primavera, cuando la ciudad puede ofrecer al turista un paisaje lleno de alegría. Entre los sitios que no hay que dejar de ver está la Piazza del Duomo. Éste surge sobre un antiguo templo pagano dedicado a Minerva y fue construido desde comienzos hasta mediados del Siglo XII. Hoy podemos ver la imponente catedral dedicada a Santa María Assunta.
Después de esta visita, recomendamos detenerse en la Piazza del Carmen. Ella representa, idealmente, el punto de encuentro de las tres colinas sobre las cuales se erigó la ciudad. También aquí se contempla la famosa Fuente Gaia y algunos palacios públicos, como el Palazzo Comunale. Esta plaza, como en la Edad Media, es el centro de la ciudad, en donde confluyen las más importantes calles. Igualmente, es el límite entre el Tercio Ciuidad y el de San Martín. Es de mencionar que la Universidad de Siena es una de las más antiguas e importantes de Italia.
La visita no puede finalizar sin contemplar el Palazzo Piccolomini, tal vez el más importante de los palacios renacentistas de la ciudad, cuya construcción fue ordenada por dos sobrinos de Pio II, Eneas Silvio Piccolomini. Entre los museos y galerías de arte a visitar son de mencionar: La Pinacoteca Nacional, El Museo Cívico del Palacio Comunal y el Museo Metropolitano del Duomo.
Entre las manifestaciones populares que se desarrollan en Siena es importante mencionar la famosa Carrera del Palio. Ésta se disputa entre los meses de julio y agosto de cada año y tiene su sede en la Plaza del Campo. No menos importante es el Festival de Jazz, dura toda una semana y está organizado por la Academia Musical Chigiana, también durante los meses de julio y agosto.
No hay que olvidar tampoco las semanas de Julio y Agosto, dedicadas a difundir la calidad del aceite de oliva y del vino nuevo (Novello).
Siena: una perla de la región de la Toscana.
]]>La terraza del Pincio es un lugar en el gran parque de Villa Borghese, un pulmón verde en pleno centro histórico de la ciudad. Desde este lugar se puede admirar la amplia Piazza del Popolo, con su característico obelisco egipcio, una de las plazas más grandes de la ciudad. Desde la plaza se admira el paisaje romano con su característico “Tridente”, un complejo de tres calles: Via del Corso que une Piazza del Popolo a Piazza Venezia, Via del Babbuino con sus lujuosas tiendas de diseñadores de fama mundial y Via di Ripetta, que llega al Puente Sant’Angelo y a San Pedro.
La colina del Gianicolo es uno de los miradores más famosos de Roma, desde aquí se admira la ciudad a 360°. El paisaje desde aquí es impresionante y si se visita el domingo a mediodía, se puede escuchar un cañonazo a las 12 en punto, una tradición que vive desde el 1874, cuando el Papa Pio IX quiso estandarizar las campanas de todas las iglesias de la ciudad para que sonaran a la misma hora.
El Zodíaco es famoso por su heladería, su sala de té y su lujuoso restaurante. Es un lugar ideal para una cena romántica, frente a un paisaje hermoso, pintado de colores rojos y amarillos, típicos del paisaje romano. Es un mirador menos grande e imponente que el Gianicolo, pero tiene un encanto acogedor.
Dulcis in fundo: la cúpula de San Pedro, con sus 537 escalones, 136 metros de altura y 42 metros de diámetro, es uno de los símbolos de Roma. Es sin lugar a duda el mejor lugar para ver la ciudad desde las alturas. Desde arriba se pueden admirar los Jardines y los edificios del Vaticano y todos los lugares más característicos de la ciudad.
Sólo desde las alturas se logra admirar la majestuosidad de la ciudad Caput Mundi.
]]>El Castillo Maschio Angioino (Torreón de los Anjou): también conocido como Castel Nuovo, fue construido entre 1279 y 1282, durante la ocupación francesa, por Carlos I de Anjou. En tiempos de Roberto de Anjou, uno de los más notorios mecenas de su tiempo, se hospedaron en el castillo grandes figuras de las artes y las letras, como Petrarca o Boccaccio, que escribió el Decamerón entre sus muros. Fue reconstruido posteriormente por los españoles, quienes le agregaron un arco de triunfo al que denominaron Alfonso de Aragón. El castillo posee cinco torres que son los puntos de unión de las gruesas murallas (Torre deGuardia, Torre del Medio, Torre de San Jorge, Torre del Beverello y Torre del Oro).
Si seguimos por la calle Toledo podemos llegar a la estación del funicular que nos conducirá al Vómero, que es la parte alta de la ciudad. Allá, podremos admirar la Certosa di San Martino (Monasterio de San Martín) y contemplar nuevamente la Bahía. Es el mayor complejo monumental de la ciudad y constituye uno de los mejores ejemplos de arquitectura barroca junto a la Capilla Real del Tesoro de San Genaro.
Por la calle Francesco de Sanctis se le llega a la Capilla de San Severo y allí observaremos el Cristo Velato (Cristo Velado), obra realizada en el siglo XVIII y considerada como una de las mayores obras maestras de la escultura en el mundo. La magistral realización del velo sobre el cuerpo y el rostro es un ejemplo único de extraordinario virtuosismo.
La Piazza del Plesbicito es un crisol de culturas. Unida con el Teatro San Carlos, la Galería Umberto Primero y el famoso Café Gambrinus es un lugar para detenerse y admirar la arquitectura de la ciudad.
Si se quiere respirar la atmósfera de la verdadera Nápoles, se debería dar un paseo por la calle de San Gregorio Armeno, que le debe su nombre a la homónima iglesia. Es una calle llena de ruidos y alegrías, bodegas de artesanos y pequeños lugares para comer: es mundialmente famosa, sobretodo en épocas decembrinas, por sus bodegas de ventas de pesebres al estilo napoletano.
¡Que no se les olvide comerse una pizza en la ciudad que la vio nacer!
]]>Piazza della Signoria: el corazón de Florencia es uno de los lugares más sugestivos de toda Italia. Con su Galería de los Uffizi que domina la plaza, su fuente y su copia del David, este lugar es inolvidable.
Santa Croce: es una de las basílicas de monjes franciscanos más grandes que existan y es una de las puntas de oro del gótico en Italia. Recorriendo una de las callejuelas que llevan a la homónima plaza, se abre un gran espacio ante los ojos del turista, que se enamora inmediatamente de la fachada de esta iglesia. El Claustro y la Capilla Pazzi de Bruneleschi son obras de arte y no se puede dejar de visitar el Panteón de artistas y científicos que descansan aquí, como Miguel Ángel, Donatello, Fermi, Galileo Galilei, Rossini y Machiavelli, entre otros.
Ponte Vecchio: con sus tres arcos que danzan sobre el río Arno, es uno de los símbolos de esta ciudad. ¡Pasee entre las joyerías recorriendo parte del famoso Corredor Vasariano!
Jardín de Bóboli: es un maravilloso ejemplo de jardines a la italiana, situado entre el Palacio Pitti y el Fuerte Belvedere. Es casi un museo al aire libre, con su configuración arquitectónica del paisaje, y con su interminable colección de esculturas datadas de la época romana hasta del siglo XIX.
Piazzale Michelangelo: no se puede dejar de ver este mirador, donde podemos admirar toda la ciudad, con sus cúpulas, sus campanarios y sus encantos. Desde aquí se disfruta de una maravillosa vista, donde se reconocen todos los lugares de interés más importantes: desde la Galleria de los Uffizi, hasta la Cúpula de Brunelleschi y el Campanario de Giotto. Sólo aquél que ha visto Florencia desde aquí logra saborear su verdadera esencia.
Si no se dispone de mucho tiempo para visitar la ciudad de Florencia, bastaría con ver estos cinco sitios para no olvidarse nunca más de este pequeño pedazo de Paraíso renacentista.
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