A pocos kilómetros de Roma, envueltos en un aire de misterio y leyenda, enterrados por el tiempo y olvidados por muchos, descubrimos los pueblos fantasmas del Lacio: Monterano, Ninfa y Galeria Antica. Ir a visitar estos lugares es, sin lugar a duda, un paseo insólito, que le da un toque especial a la visita a la ciudad eterna.
Monterano: del pequeño poblado de orígenes etruscos, hoy en día quedan pocas ruinas. Desde su fundación ha vivido una historia accidentada, llena de pestes y guerras, pero fue a finales del siglo XVI cuando el ejército francés destruyó completamente la ciudad. Para acceder a las ruinas se caminan unos 200 metros por un sendero que nos lleva hasta una fuente, pasa por debajo del acueducto y sube hasta la cima de la ciudad, desde donde se puede admirar el paisaje romano. Lo que más nos sorprende de este pequeño pueblo es la cantidad de ruinas y construcciones de épocas y estilos diferentes: sepulcros etruscos, acueductos romanos, castillos medioevales y edificios proyectados por Bernini.
Ninfa: la naturaleza y la historia son las protagonistas de este lugar, en donde el tiempo se detuvo hace más de 400 años, cuando una grave epidemia de malaria despobló la ciudad. Hoy en día se puede fácilmente discernir el antiguo trazado de las calles y se puede recorrer la ciudad que duerme bajo un manto de hiedra. Llamada la “Pompeya del Medioevo”, Ninfa presenta los restos de la ciudad medioeval sumergidos en un bellísimo jardín al estilo inglés, construido alrededor de 1900. No deje de visitar el castillo, el antiguo edificio del Municipio, el Puente de la Matanza (ponte del macello) y una que otra iglesia en las murallas de la ciudad.
Galeria Antica: este pequeño poblado fue abandonado hace ya más de 200 años, y la vegetación lo ha cubierto casi completamente, transformando las ruinas en un ecosistema muy especial. De hecho, Galeria Antica fue nombrada Monumento Natural del Lacio en el 1999. No se necesitan permisos especiales para entrar a visitar el poblado, pero hay que tener mucho cuidado pues muchos de los restos son bastante inestables y la densa vegetación puede esconder peligros, pero con un poco de atención la visita a este lugar es una experiencia inolvidable. La pintoresca desolación de sus calles, cubiertas en parte por la naturaleza, y sus edificios desboronados, hacen de este lugar uno de los rincones más sugestivos para los amantes de los paraísos aislados cercanos a Roma.
Adentrémonos en las campiñas romanas para ver, en estos tres pequeños poblados, el testimonio del pasar del tiempo…